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| J.P. Sartre y la Literatura | Breve aproximación |
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SARTRE Y LA LITERATURA
“Leí la otra noche estas palabras que Blaise Cendrors pone como exergo a Rhum: ‘A los jóvenes de hoy cansados de literatura, para demostrarles que una novela puede ser también un acto’. Pensaba, al leer esto, que somos muy desdichados y culpables, ya que hoy nos hace falta demostrar lo que era evidente en el S. XVIII.”[i]
El peligro de comenzar este trabajo con un discurso ceñidamente literario, radica en crear un producto falaz (en tanto incompleto). Acaso Sartre sea uno de los grandes pensadores multidisciplinarios del siglo XX.
En consecuencia, se hace imprescindible el abordaje de las principales líneas de su pensamiento: en un crisol que va desde lo filosófico a lo literario, sin dejar nunca de lado un marco político estricto.
A tal efecto, comenzaré por bosquejar las aristas más importantes de su pensamiento filosófico (el ser, la nada, la muerte y la libertad) para luego sí adentrarme en el campo literario.
Por otra parte, todo pensamiento debe leerse en las coordenadas histórico-geográficas en las que se produjo; de forma tal de no incurrir en malasl interpretaciones de sus significados.
En consecuencia ¿es posible abordar a Sartre sin referirse al Existencialismo?
EL EXISTENCIALISMO - JEAN PAUL SARTRE.
CONTEXTUALIZACIÓN:
El Existencialismo es una corriente filosófica de finales del siglo XIX y principios del XX. Del mismo modo, dentro de este período podemos ubicar las dos Guerras Mundiales, que dejan como saldo aproximadamente sesenta millones de muertos, inconmensurables secuelas culturales; las revoluciones político-económicas; las dictaduras en Italia, y Alemania; la pérdida de fe en la razón y el ideal de progreso en la Ciencia, etc.
Todo esto provoca un inevitable fenómeno de despersonalización, por medio del cual el individuo pasa a formar parte de una gran masa social, perdiendo de esta forma su identidad o relegándola al menos, a su correspondencia con la generalidad.
En los comienzos del siglo XX encontramos dos corrientes predominantes en el campo del pensamiento filosófico, como lo eran el Idealismo y el Positivismo, que apuntaban a una visión del Hombre como ser pasivo y falto de toda esencia. El existencialismo surge, justamente, como reacción a este pensamiento; exige del sujeto compromiso, acción y reflexión.
En un momento de guerra y campos de concentración el hombre no podría permitirse la pasividad. Es así que el existencialismo pone el énfasis en la existencia (antes que en la esencia), en la vida (antes que en la razón), en la praxis (antes que la teoría) y por último, en la libertad (antes que en la determinación).
Definamos entonces, en palabras del propio Sartre, el Existencialismo:
“Entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción implica un medio y una subjetividad humana”.
Dentro de esta corriente se distinguen diferentes tendencias. No intentaré aquí agotar todas las clasificaciones (cosa por otra parte bastante compleja), baste señalar algunas de las más distinguidas, a saber: tendencia Amplia, Intelectual y Religiosa.
La tendencia Amplia considera existencialismo a aquellos en los que prevalece la antropología sobre otras ramas del quehacer filosófico.
Por su parte la tendencia Intelectual considera como ser existencialista, un planteo académico que posibilita desarrollar teorías e ideas.
Por último (en esta primera clasificación) la tendencia Religiosa parte de la consideración de que la existencia es lo que vale. De este modo el hombre es nada. A partir de esta premisa, o bien la muerte es el fin (absoluto) de toda las posibilidades, o bien su potencialidad. La solución a este planteo la ofrece el ateísmo existencial (Sartre) o el Existencialismo Cristiano (principalmente Kierkegaard).
En una segunda clasificación tenemos al Existencialismo Negativo, el Teleológico y el Positivo.
El Negativo es clasificado como pesimista por entender al hombre en una dirección hacia la nada, la angustia y hacia la muerte.
El Teleológico vendría a ser la cara opuesta al anterior, es decir, una corriente optimista por tener la convicción de que existe una realidad absoluta y que dicha realidad avala la posibilidad de que el hombre se realice.
El Positivo no se lo considera ni como positivo ni negativo. Se considera que realmente existe la posibilidad de realización del hombre pero que de por sí, ésta no está destinada ni al fracaso rotundo ni al éxito garantizado.
JEAN PAUL SARTRE
No intentaré en este trabajo hacer una biografía sobre el filósofo, ya que llevaría un análisis mucho más exhaustivo, pero sí pretendo resaltar algunos hechos considerados importantes en su vida y que muestran una fiel consecuencia con su manera de pensar.
Sartre, tal como hablábamos del compromiso con los acontecimientos de su época, fue solidario con los mas importantes, como fueron el Mayo Francés, la Revolución Cultural China y la Revolución Cubana.
Se forma en la filosofía de Heidegger cuando forma parte del Ejército Francés durante la guerra. Luego es tomado como prisionero por parte del nazismo y durante dicho cautiverio Sartre reformula numerosa cantidad de sus ideas y elabora nuevas. A pesar de su apoyo en Heidegger, tenían ciertas diferencias como por ejemplo el Da-sein como un ser-ahí “lanzado” al mundo, mientras que Sartre consideraba que el humano, en tanto ser-para-si es un proyecto y que como tal debe hacer-se a si mismo.
El inicio de su carrera puede ser definido por el surgimiento de El ser y la nada. Luego del surgimiento de esta obra tuvo intensa participación y actuación tanto en lo político como en lo intelectual. De este mismo tema habla en su obra Manos sucias, donde analiza la problemática de ser un intelectual a la vez que participaba en forma activa en lo que era el acontecer político.
Su pensamiento político no podría caracterizarse como estático ya que atravesó por diferentes etapas como por ejemplo los momentos de Socialismo y Libertad, una breve adhesión al Partido Comunista Francés y una posterior aproximación a los maoístas.
Sartre tiene una extensa bibliografía donde analiza temas que lo movilizaron e inquietaron a lo largo de su vida. Un breve pantallazo de lo que fue su pensamiento lo encontramos en El existencialismo es un humanismo escrito en 1946 donde defiende su filosofía de las críticas que generaba. En esta obra Sartre manifiesta que el ser humano precede a su esencia. No hay normas ni valores que ya estén establecidos de forma definitiva sino que siempre van variando según la situación. Obviamente esto trae como consecuencia un sentimiento de inseguridad del que sólo puede salir por medio de la acción, acción que a su vez sólo se comprende desde la raíz de la libertad del hombre, libertad que no es dada de por sí, sino como algo que el individuo debe perseguir de manera constante.
LA NADA
Según Sartre (en El Ser y la Nada) para entender la relación entre el Ser y la Nada se debe comenzar por considerar la relación del ser con el no-ser que lo infesta.
“...el no-ser no es el contrario del ser: es su contradictorio. Esto implica una posterioridad lógica de la nada respecto del ser, ya que el ser es primero puesto y negado luego”.
Con esto manifiesta que ser el contrario implica una simultaneidad, mientras que al ser tomado como contradictorio, es primero uno y luego otro: se es, y luego se niega.
“Pues si niego al ser toda determinación y no todo contenido, no puedo hacerlo sino afirmando que el ser, por lo menos, es. Así, niéguese del ser todo lo que se quiera, no se puede hacer que no sea por el hecho de que se niegue que sea esto o aquello. La negación no puede alcanzar al núcleo de ser del ser, que es plenitud absoluta y entera positividad. Al contrario, el no-ser es una negación que toca a ese núcleo mismo de densidad plenaria.”
El Ser es positividad en tanto que es delimitable y definible. No se explica por otra cosa que no sea por su propio ser. Tiene que ser para después poder negarlo, como decíamos anteriormente sobre la posterioridad de uno sobre el otro. No-ser incluye en sí el Ser (lo contiene incluso en su definición: No-ser) pero para negarlo tengo que darle una existencia. Es por esto que Sartre expresa que la nada infesta al ser. Diríamos en sus propias palabras que
“el ser no tiene necesidad alguna de la nada para concebirse, y que se puede examinar exhaustivamente su noción sin hallar en ella el menor rastro de la nada. Pero, en cambio, la nada, que no es, no puede tener sino una existencia presentada: toda su ser del ser; su nada de ser no se encuentra sino dentro de los límites del ser, y la desaparición total del ser no constituiría el advenimiento del reino del no-ser, sino, al contrario, el concomitante desvanecimiento de la nada: no hay no-ser sino en la superficie del ser”.
No es concebible la Nada fuera del ser. Para que podamos interrogarnos sobre el ser es necesario que la Nada se dé de cierta forma. Es (por poner un ejemplo cotidiano) como la existencia del blanco frente al negro. Existe el blanco como blanco porque existe el negro. Si no existiera éste o cualquier otro diferente del blanco no existiría el blanco tampoco, en tanto que no haría falta nombrarlo.
La Nada de por sí no tiene la capacidad de nihilizarse, cosa que si puede hacer en cambio el ser, ya que justamente para nihilizarse es necesario (como manifestábamos antes) primero ser. Por ende, la Nada no se nihiliza sino que es nihilizada: “el hombre es el ser por el cual la nada adviene al mundo”.
Sartre identifica la nada con la libertad ya que el hombre tiene que existir con actos que él mismo escoge para llegar a ser quien es y a su vez la nada puede llegar a ser por el simple hecho de tener la posibilidad de realizarse a si misma.
LA MUERTE
Sobre el concepto de la muerte encontramos una vez más una diferencia entre Sartre y Heidegger. Para este último la muerte es la última posibilidad del hombre mientras que para Sartre es el fin de todas las posibilidades.
En este sentido, hablar de posibilidades, implica también referirse a las responsabilidades, a la libertad y al determinismo o no de nuestras acciones.
En esta línea, Sartre consideraba que el ser humano carecía de un destino en sentido estricto: nuestras acciones no estaban predeterminadas en ningún otro plano, excepto el que nosotros elaboramos en el ejercicio de nuestra libertad. Así, no existen normas o valores establecidos de antemano sino un continuo proceso en construcción: “el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo.” Por ende las cosas no están “bien hechas” o “mal hechas”: “El hombre será autor de su devenir humano y autor también de los fines que guiarán este devenir” .
El profundo ateísmo en la filosofía de Sartre presenta al hombre como su propio legislador y creador de valores. La no existencia de Dios implica que no existen normas que legitimen nuestra conducta. Hablar de Dios como creador y responsable de valores es exteriorizar la responsabilidad de los mismos y al mismo tiempo posibilitar también la exteriorización de la culpa, de no asumir el ejercicio de la responsabilidad. A esto justamente, Sartre lo denominaba mala fe.
Al no estar conformes con lo que hemos realizado con nosotros mismos ni con los caminos que hemos elegido, es necesario inventar (crear la ilusión de) un responsable fuera del sujeto, de este modo, si no soy lo que deseaba ser no es por mis propias limitaciones sino por una trascendentalidad o un destino que impidió mi propia realización. Así, la mala fe se configura como una válvula de escape.
Asumir la responsabilidad, el ejercicio de mi libertad es realizarme en una linealidad temporal, en la cual puedo arrepentirme de mis elecciones erróneas y enmendarlas, pero nunca des-hacer lo ya hecho. No se puede retroceder o modificar el tiempo pasado, sólo es posible la reivindicación en otro suceso, que inexorablemente forma parte de mis acciones futuras. Por otra parte, las reparaciones de mis actos tampoco son infinitas, en tanto me asumo como sujeto mortal, ergo, finito. Sólo es posible enmendar mis errores si tengo tiempo para hacerlo.
Sin embargo, el mismo hecho que hace de mí un sujeto finito, me obliga a comprometerme con mi existencia y con mis actos. Si dispongo de todo el tiempo como un elemento constante e infinito para “dar un golpe de timón” entonces no importaría tanto que fuera comprometido con mis actos. Sólo siendo concientes de que también mis posibilidades de cambio son finitas, puedo ejercer mi libertad con responsabilidad y compromiso. Solamente en la finitud se realiza la libertad.
“El hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace”.
Obviamente que si asumo mi responsabilidad como sujeto, esto trae consigo un sentimiento de angustia, pero que de todos modos no implica un dejar de actuar. Muy por el contrario, dicha angustia forma parte de la propia acción por la responsabilidad que tengo ante los otros hombres que comprometo en mi proceder.
Debemos diferenciar esta angustia ante la responsabilidad que me implica cada actuar y cada elección, de la angustia existencial que siente el hombre al tomar conciencia de su finitud que es justamente el tema que nos convoca.
Somos conscientes de nuestra no-eternidad y esto genera como consecuencia una crisis existencial. El hombre es mortal y al ser consciente de ello, surge de la angustia existencial básica.
La vida está signada por dos absurdos como lo son el haber nacido y el tener que morir. Nuestra vida se da entre dos nadas. La de antes de nacer y aquella a la que nos dirigimos al morir.
Sin ninguna duda, lo que en realidad vivimos es la muerte de otro. La muerte propia nunca llegamos a conocerla por el hecho de que vivir es “ser en el mundo” y es imposible acceder a lo que se encuentra siendo fuera del mundo.
Sartre manifiesta que se puede esperar una muerte particular pero no “la” muerte. Ésta como tal nunca podremos conocerla, sino formas de muerte.
En las palabras de Sartre “nuestra vida no es sino una larga espera”, pero una espera de la que justamente no se espera nada porque después de la muerte lo que hay es precisamente eso: nada.
Al igual que las acciones que tomamos durante nuestra vida comprometen al otro, con nuestra muerte sucede lo mismo porque dejamos la existencia personal pasando a formar parte de la existencia colectiva. Al igual que mi vida, mi muerte también compromete a otros. Esto sucede de la misma manera en que nuestra propia existencia personal se carga de existencias pasadas que inciden en la nuestra.
Frente al escenario de muertes y ruinas que dejaron la posguerra, la ciencia brindaba al hombre un gran avance tecnológico favorable a una sociedad de consumo. Ante esto existían dos posibilidades ante la elección de la propia identidad: la de tener o ser. La existencia auténtica se basaba en la opción de ser, en vivir de acuerdo con el propio ser y de la misma forma ser concientes de la propia limitación en la que se encontraba precisamente la muerte. El hombre auténtico no escapa de la angustia que genera la nada, de ser para la muerte. A partir de esto es que puede tomar dicha opción de realizarse a si mismo en contraposición a la elección de llevarse por un mundo consumista sin sentido. La existencia auténtica consiste justamente en la realización de la libertad de elección, o sea que ante el absurdo de la muerte, elegir libremente por la creación de valores propios.
“La libertad que es mi libertad sigue siendo total e infinita; no es que la muerte no la limite, sino que, como la libertad no encuentra jamás ese limite, la muerte no es en modo alguno obstáculo para mis proyectos: es sólo un destino de estos proyectos en otra parte. No soy ‘libre para la muerte’, sino que soy un mortal libre”
La libertad jamás puede ser limitada por la muerte, simplemente por que es un irrealizable. Sartre entiende que la muerte solo se puede vivenciar como algo ajeno, en el otro. En consecuencia, mi muerte solo es realizable para otro.
A partir de este razonamiento, es que afirma que la libertad nunca encuentra una limitación en la muerte. Esta, simplemente sobreviene después, “por añadidura”. O bien soy un mortal libre, o bien un muerto para el otro. Sin embargo, “la muerte sí es la posibilidad de que no haya para mi, mas posibilidades”.
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