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Silvio en el Rosedal | Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro | Silvio en el rosedal

El Rosedal era la hacienda más codiciada del valle de Tarma, no por su extensión, pues apenas llegaba a las quinientas hectáreas, sino por su cercanía al pueblo, su feracidad y su hermosura. Los ricos ganaderos tarmeños, que poseían enormes pastizales y sembríos de papas en la alta cordillera, habían soñado siempre con poseer ese pequeño mundo donde, aparte de un lugar de reposo y esparcimiento, podrían hacer un establo modelo, capaz de surtir de leche a todo el vecindario. Pero la fatalidad se encarnizaba en sustraerles estas tierras, pues cuando su propietario, el italiano Carlo Paternoster, decidió venderlas para instalarse en Lima prefirió elegir a un compatriota, don Salvatore Lombardi, quien por añadidura nunca había puesto los pies en la sierra. Lombardi fue además el único postor que pudo pagar en líquido y al contado el precio exigido por Paternoster. Los ganaderos serranos eran mucho más ricos y movían millones al año, pero todo lo tenían invertido en sembríos y animales y metidos como estaban en el mecanismo del crédito bancario, no veían generalmente el fruto de su fortuna más que en la forma abstracta de letras de cambio y derecho de sobregiro.

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La Insignia | Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro

Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamento de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles. Me la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al asunto, regresé a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en aquel traje que usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me entregó una cajita, diciéndome: "Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su bolsillo". Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo que decidí usarla.

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Bienvenido Bob | Juan Carlos Onetti

Por Juan Carlos Onetti
a H.A.T

Es seguro que cada día estará más viejo, más lejos del tiempo en que se llamaba Bob, del pelo rubio colgando en la sien, la sonrisa y los lustrosos ojos de cuando entraba silencioso en la sala, murmurando un saludo o moviendo un poco la mano cerca de la oreja, e iba a sentarse bajo la lámpara, cerca del piano, con un libro o simplemente quieto y aparte, abstraído, mirándonos durante una hora sin un gesto en la cara, moviendo de vez en cuando los dedos para manejar el cigarrillo y limpiar de ceniza la solapa de sus trajes claros.

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La Doble Trampa Mortal | Roberto Arlt


LA DOBLE TRAMPA MORTAL

ROBERTO ARLT

He aquí el asunto, teniente Ferrain: usted tendrá que matar a una mujer bonita.

 

El rostro del otro permaneció impasible. Sus ojos desteñidos, a través de las vidrieras, miraban el tráfico que subía por el bulevar Grenelle hacia el bulevar Garibaldi. Eran las cinco de la tarde, y ya las luces comenzaban a encenderse en los escaparates. El jefe del Servicio de Contraespionaje observó el ceniciento perfil de Ferrain, y prosiguió:

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El trueno entre las hojas | Augusto Roa Bastos

EL TRUENO ENTRE LAS HOJAS

Augusto Roa Bastos

EL INGENIO se hallaba cerrado por limpieza y reparaciones después de la zafra. Un tufo de horno henchía la pesada y eléctrica noche de diciembre. Todo estaba quieto y parado junto al río. No se oían las aguas ni el follaje. La amenaza de mal tiempo había puesto tensa la atmósfera como el hueco negro de una campana en la que el silencio parecía freírse con susurros ahogados y secretas resquebrajaduras.

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Juan Carlos Onetti | "El Posibl Baldi"

Juan Carlos Onetti | El Posible Baldi

Baldi se detuvo en la isla de cemento que sorteaban veloces los vehículos, esperando la pitada del agente, mancha oscura sobre la alta garita blanca. Sonrió pensando en sí mismo, barbudo, el sombrero hacia atrás, las manos en los bolsillos del pantalón, una cerrando los dedos contra los honorarios de «Antonio Vergara — Samuel Freider». Decía tener un aire jovial y tranquilo, balanceando el cuerpo sobre las piernas abiertas, mirando plácido el cielo, los árboles del Congreso, los colores de los «colectivos». Seguro frente al problema de la noche, ya resuelto por medio de la peluquería, la comida, la función de cinematógrafo con Nené. Y lleno de confianza en su poder, la mano apretando los billetes porque una mujer rubia y extraña, parada a su lado, lo rozaba de vez en vez con sus claros ojos. Y si él quisiera...

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RAYUELA, Capítulo71 | Julio Cortázar

RAYUELA, Capítulo71

 

Morelliana

 

¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén,
un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pe-
na leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno
al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van...), Paraíso perdido,
perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre
... Y dale con las islas
(cfr. Musil) o con los gurús (si se tiene plata para el avión París-Bombay)
o simplemente agarrando una tacita de café y mirándola por todos lados,
no ya como una taza sino como un testimonio de la inmensa burrada en
que estamos metidos todos, creer que ese objeto es nada más que una ta-
cita de café cuando el más idiota de los periodistas encargados de resu-
mirnos los quanta, Planck y Heisenberg, se mata explicándonos a tres
columnas que todo vibra y tiembla y está como un gato a la espera de dar
el enorme salto de hidrógeno o de cobalto que nos va a dejar a todos con
las patas para arriba. Grosero modo de expresarse, realmente.

 

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Edgar Allan Poe | El Gato Negro | Versión en ESPAÑOL

EL GATO NEGRO

 

Ni espero ni quiero que se dé crédito a la historia más extraordinaria, y, sin embargo, más familiar, que voy a referir. Tratándose de un caso en el que mis sentidos se niegan a aceptar su propio testimonio, yo habría de estar realmente loco si así lo creyera. No obstante, no estoy loco, y, con toda seguridad, no sueño. Pero mañana puedo morir y quisiera aliviar hoy mi espíritu. Mi inmediato deseo es mostrar al mundo, clara, concretamente y sin comentarios, una serie de simples acontecimientos domésticos que, por sus consecuencias, me han aterrorizado, torturado y anonadado. A pesar de todo, no trataré de esclarecerlos. A mí casi no me han producido otro sentimiento que el de horror; pero a muchas personas les parecerán menos terribles que barrocas.

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Edgar Allan Poe | The Black Cat | Short Story

THE BLACK CAT
1843

FOR the most wild, yet most homely narrative which I am about to pen, I neither expect nor solicit belief. Mad indeed would I be to expect it, in a case where my very senses reject their own evidence. Yet, mad am I not --and very surely do I not dream. But to-morrow I die, and to-day I would unburthen my soul. My immediate purpose is to place before the world, plainly, succinctly, and without comment, a series of mere household events. In their consequences, these events have terrified --have tortured --have destroyed me. Yet I will not attempt to expound them. To me, they have presented little but Horror --to many they will seem less terrible than baroques. Hereafter, perhaps, some intellect may be found which will reduce my phantasm to the common-place --some intellect more calm, more logical, and far less excitable than my own, which will perceive, in the circumstances I detail with awe, nothing more than an ordinary succession of very natural causes and effects.

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Destacado: Congresos

 
  • Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay | VI Congreso Nacional y V Congreso Internacional «Florencio Sánchez»
  • Asociación Mexicana de Profesores de Lengua y Literatura: VII SIMPOSIO: ENSEÑANZA-APRENDIZAJE DE LA LENGUA Y DE LA LITERATURA.

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